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	<title>Material d'Humanitats &#124; Material de Humanidades &#187; ADN mitocondrial</title>
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	<description>Treballs i apunts d'Humanitats. Trabajos y apuntes de Humanidades.</description>
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		<title>Análisis de los capítulos 14 y 16 de Cómo evolucionaron los humanos de Robert Boyd y Joan B. Silk</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Dec 2007 19:04:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álvaro Martínez Majado</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Estos dos capítulos de Cómo evolucionaron los huamanos de Boyd y Silk giran en torno a la evolución humana, a la selección natural y a la adaptación. En el primero de los dos capítulos se centran en los orígenes humanos, mientras que en el segundo hablan de adaptación y selección.
Según explica el texto, los humanos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estos dos capítulos de <em>Cómo evolucionaron los huamanos</em> de Boyd y Silk giran en torno a la evolución humana, a la selección natural y a la adaptación. En el primero de los dos capítulos se centran en los orígenes humanos, mientras que en el segundo hablan de adaptación y selección.<span id="more-28"></span></p>
<p>Según explica el texto, los humanos modernos tienen una serie de características propias como un rostro y unos dientes pequeños, una barbilla puntiaguda o un cráneo redondeado. Son diferencias morfológicas que son útiles des del punto de vista de la investigación paleontológica precisamente porque son observables aún miles de años después.</p>
<p>Las pruebas arqueológicas indican que ya los primeros humanos modernos en Europa fueron capaces de acumular conocimientos complejos o simbólicos. Cabe destacar que cuando entraron en Australia hace 40.000 años conocían una tecnología que algunas teorías consideran equivalente a la del Paleolítico Superior europeo, mientras que otras creen que en poco de diferencia ésta de otras tecnologías coetáneas. En África y Asia, el registro es muy pobre y por lo tanto hay menos datos. De lo que no cabe duda en cualquier caso es de que los humanos del Paleolítico Superior eran artesanos hábiles y se enfrentaron mejor al entorno que los neardentales.</p>
<p>Luego explica cómo el ADN mitocondrial es útil para el estudio de los orígenes de los humanos modernos y cuál es la razón. Previamente, enuncia las dos teorías que hay acerca de la cuestión de la expansión de los humanos en relación con sus diferencias anatómicas y morfológicas: la hipótesis multirregional, según la cual había una única especie de homínidos robustos del Pleistoceno Superior repartida por todo el planeta y de morfología variable, lo que explicaría las diferencias que hay entre una población y otra; y la hipótesis del débil jardín del Edén, según la cual individuos de una población local africana se extendieron por todo el mundo y acabaron reemplazando al resto de poblaciones. Del análisis del ADN mitocondrial, útil porque existe un gran número de copias que almacenan información sobre una gran tasa de mutación, se desprende que la hipótesis más probable sea la del débil jardín del Edén: de hecho, como el ADN mitocondrial se traspasa solo por línea materna y a menudo hay hembras que mueren sin descendencia femenina, de una sola hembra es todo el ADN mitocondrial de los humanos modernos. A esta hembra, que no es la primera humana, se le ha llamado Eva. Esto aporta información de la mitad de la humanidad, no de la humanidad entera. Sin embargo, los estudios hechos en este mismo sentido con el cromosoma Y, que aportan información masculina, apoyan estas conclusiones.</p>
<p>Otra de las cosas de las que informa el texto es que muy probablemente convivieron Neardentales con humanos modernos, a pesar de que el antepasado común más próximo es de hace unos 500.000 años.</p>
<p>Poco a poco, se suceden las adaptaciones y los avances tecnológicos y culturales. Sin embargo, el texto plantea la posibilidad de que no haya habido revolución humana sino pequeños cambios evolutivos acumulados o que dicha revolución sea fruto de un cambio cultural análogo al que supuso la agricultura. Sin embargo, todas estas hipótesis de trabajo parecen poco sostenibles en algún punto.</p>
<p>El segundo de los dos capítulos empieza dejando claro que los científicos distinguen entre dos fuentes de variación humana, la genética y la ambiental. Hay que distinguir también la variación que los grupos humanos de la que se produce dentro de cada grupo.</p>
<p>Los patrones actuales de variación genética reflejan los cambios en las migraciones así como algunas cuestiones demográficas como el crecimiento de la población. A través de comparaciones realizadas en ciertas condiciones es posible saber que parte de la variación es genética.</p>
<p>La variable de la estatura puede ilustrar todo esto. Los diferentes grupos humanos presentan estaturas distintas. Y parece claro que parte de la estatura de una persona tiene que ver con la herencia, con como son sus padres. Sin embargo, se da el hecho de que en una época de modernización aumentó la estatura, lo que prueba la influencia del ambiente también en este aspecto.</p>
<p>A partir de todo lo dicho, en este capítulo y en el anterior comentado, hace una crítica del concepto de raza rebatiendo algunos equívocos generalizados. La clave está en que, si bien existen diferencias entre los individuos que habitan distintos puntos de la Tierra, desde el punto de vista científico es insostenible decir que en éstas se puede basar una división de la humanidad en categorías excluyentes, esto es, en razas. Dicho esto, los equívocos – que la especie humana puede dividirse en razas; que la raza es un elemento que interviene significativamente en el individuo de forma que lo diferencia de los de otras razas <em>biológicamente</em> o que la biología es lo que guía estas diferencias – se desmienten casi por si solo con la ayuda de las evidencias científicas.</p>
<p>Se da la circunstancia que las semejanzas presentes en un grupo de individuos que los diferencian de otro pueden estar relacionadas con la genética puesto que la proximidad geográfica lo favorece, pero también pueden estar determinadas por el ambiente, ya que por esta misma proximidad geográfica las condiciones ambientales son las mismas o muy parecidas para todos los integrantes de un mismo grupo. Ésto no hace más que indicar de nuevo en la dirección de que las diferencias presentes en los humanos no son ni mucho menos solo por causas biológicas.</p>
<p>Se puede clasificar a los seres humanos por su distribución geográfica, claro está. Pero la distribución resultará diferente según la categoría de estudio y situar a los individuos dentro de una hipotética categoría esencial o preponderante es arbitrario. No se puede, por lo tanto, hablar de raza argumentando zonas distintas de hábitat para los distintos grupos humanos. En cualquier caso ninguna de estas divisiones o ninguna de las posibles combinaciones de estas divisiones refleja una subdivisión natural en grupos biológicamente distintos o, dicho de otro modo, nada de ésto refleja una división en razas.</p>
<p>Hasta aceptando inicialmente las razas habituales de los grandes grupos continentales como grupos humanos, la división en razas queda invalidada por el hecho de que hay más diferencias genéticas en los miembros de estos grupos entre sí que entre los grupos.</p>
<p>Para acabar, cabe destacar algo fundamental del primer capítulo comentado que indica una vez más que el concepto de raza es erróneo: los humanos modernos proceden todos de una misma rama del árbol genealógico, proceden todos de la rama instalada en África. Si se tiene en cuenta el modo de proceder de la biología, es un dato relevante saber que la procedencia de toda la humanidad tiene un punto de origen tan concreto.</p>
<p>Lo que sí es importante es que muchas veces las razas son identificaciones de grupos culturales importantes, algo que también se destaca en el texto. ¿Por qué hay conciencia de la existencia de las razas cuándo éstas no existen biológicamente? Hay que tener en cuenta la cultura en relación con los intereses de clase. Es cierto que existen una serie de diferencias morfológicas explicables por diferencias ambientales y genéticas. Pero, más allá de eso, las diferencias entre humanos están en la cultura y no en los genes.</p>
<p>Cada gran grupo cultural identificado habitualmente como &#8216;raza&#8217; responde a a menudo una serie de intereses de clase que se encargan de acentuar las diferencias ambientales o genéticas que hay entre grupos humanos. Obviando los matices que se pierden al abandonar la perspectiva local para pasar a una tan global como hablar de “grandes grupos culturales”, es evidente que uno de ellos, con pocos recursos económicos y muchos energéticos, no puede tener los mismos intereses de clase que otro que está en una situación exactamente inversa. Situaciones históricas tales como el Apartheid demuestran como sí hay intereses de clase detrás de la acentuación de estas diferencias.</p>
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		<title>El origen de los humanos modernos: el debate actual</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Dec 2007 18:49:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álvaro Martínez Majado</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Hasta hace pocas décadas, se consideraba que los humanos habíamos evolucionado de forma lineal en un proceso que constaba de distintas fases y en el que una no comenzaba hasta que no había acabado la anterior. Sin embargo,  desde el último tercio del siglo XX, en un marco en el que distintos progresos, no solo en el campo de la ciencia, contribuían a modificar las ideas sobre la Humanidad que hasta entonces estaban vigentes (Edgar Morin, 1999: 28), se mantiene un debate acerca del origen de los humanos modernos.<span id="more-26"></span></p>
<p>El debate que encierra la expresión “los humanos modernos” se desarrolla en torno a cuál es la especie de la que provienen los humanos anatómicamente iguales a los humanos actuales y también a la definición del comportamiento humano moderno. Sobre este último aspecto, existen teorías que apuntan a que una mejora en las capacidades cognitivas provocó la llamada “revolución humana” (aumento de la complejidad del comportamiento) mientras que otras sostienen que no existió tal cosa (Robert Boyd, Joan B. Silk, 2004: 438). Aún otras achacan esa revolución a cambios tecnológicos o a una combinación de los cambios culturales y los genéticos (Robert Boyd, Joan B. Silk, 2004: 445).</p>
<p>Sobre cuál es la especie de la que provienen los humanos modernos existen básicamente dos teorías. Una de ellas es la teoría multirregional que defiende que el humano anatómicamente moderno desciende del humano arcaico – Homo heidelbergensis que deciende de Homo erectus – que se había repartido por todo el mundo – mediante cruces y migraciones – y que presentaba morfologías distintas en las diferentes partes del planeta pero que formaba una única especie (Robert Boyd, Joan B. Silk, 2004: 423). Tras el descubrimiento de los yacimientos de Atapuerca, algunos investigadores actualizaron la propuesta de trabajo y presentaron al espécimen encontrado ahí, el homo antecessor, como posible último antepasado común entre los neardentales y los hombres anatómicamente modernos (Francisco J. Ayala y Camilo José Cela-Conde, 2003: 5). Los especialistas que defienden esta hipótesis lo hacen sobre todo en base a los datos que provienen de fósiles. Las actuales diferencias morfológicas entre personas de distintos lugares de la Tierra son otra de las pruebas que presentan a su favor.</p>
<p>Existe otra hipótesis, llamada “desde África” o “del débil Jardín del Edén”, que defiende que los humanos modernos proceden de un único grupo originalmente africano y que colonizó posteriormente todo el mundo, llegando a convivir con los neardentales y, tal vez, precipitando su extinción. Esta hipótesis se ha visto reforzada gracias a las extracciones de ADN mitocondrial de neardentales tales como los ejemplares del valle de Neander o el del norte del Caúcaso, de cuyo análisis se desprende que las diferencias entre estos y los humanos modernos son lo suficientemente importantes como para hablar de dos especies diferentes con seguridad (Francisco J. Ayala y Camilo José Cela-Conde, 2003: 6). El ADN mitocondrial es útil para estos estudios porque al transmitirse solo por vía materna y no combinarse (algunas estimaciones hablan de una sola mutación cada 10.000 años en el fragmento más propenso a sufrir variaciones) se conserva con muy pocos cambios a lo largo de miles de años. A demás, es fácil de obtener y se conservan muchas copias (Robert Boyd, Joan B. Silk, 2004: 423). Sin embargo, si no se apoya en otros datos, el estudio del ADN mitocondrial puede ser una prueba débil, como lo demuestra el hecho de que el ejemplar de Lago Mungo, anatómicamente moderno, también muestra muchas diferencias en esta prueba comparado con humanos actuales (Francisco J. Ayala y Camilo José Cela-Conde, 2003: 6). A falta de técnicas adecuadas para recuperar el ADN nuclear, cabe destacar que los arboles evolutivos basados en el estudio del cromosoma Y apoyan los datos que provienen del análisis del ADN mitocondrial (Robert Boyd, Joan B. Silk, 2004: 433). Por si aún cabía alguna duda, en una excavación reciente se han encontrado en Etiopía fósiles de un humano anatómicamente moderno – datados con precisión &#8211;  anterior a la mayoría de neardentales (Robert Sanders, 2003)</p>
<p>Con estos datos en la mano, es difícil seguir sosteniendo la hipótesis multirregional. De lo que no cabe duda es de que es imposible es seguir explicando la evolución humana como un proceso lineal.</p>
<p><strong>Bibliografía</strong></p>
<p>AYALA, FRANCISCO J. y CELA-CONDE, CAMILO JOSÉ, 2003: <em>Cómo ha llevado la evolución hasta el ser humano</em>. 2003, TELESKOP Revista de pensamiento y cultura [en línea] Disponible en &lt;<a href="http://web.archive.org/web/20030809020040/http://www.teleskop.es/">http://web.archive.org/web/20030809020040/http://www.teleskop.es/</a>&gt;. Recogido por <a href="http://archive.org">archive.org</a>.</p>
<p>BOYD, ROBERT; SILK, JOAN B., 2004: <em>Cómo evolucionaron los humanos</em>. Barcelona: Ariel.</p>
<p>MORIN, EDGAR. 1999: <em>Los siete saberes necesarios para la educación del futuro</em>. París: UNESCO [en línea] Disponible en: &lt;<a href="http://unesdoc.unesco.org/images/0011/001177/117740so.pdf">http://unesdoc.unesco.org/images/0011/001177/117740so.pdf</a>&gt;</p>
<p>SANDERS; ROBERT, 2003: <em>160,000-year-old fossilized skulls uncovered in Ethiopia are oldest anatomically modern humans</em>. Berkeley: UC Berkeley News. [en línea] Disponible en &lt;<a href="http://www.berkeley.edu/news/media/releases/2003/06/11_idaltu.shtml">http://www.berkeley.edu/news/media/releases/2003/06/11_idaltu.shtml</a>&gt;.</p>
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